El balonmano parece dejar definitivamente atrás la imagen de ese deporte colectivo amateurpor excelencia que brilla solo cada cuatro años durante los Juegos Olímpicos. La disciplina alcanzó ayer un nuevo hito en su historia en un partido del Mundial de Francia. Unos 28.010 espectadores llenaron las gradas del monumental pabellón polideportivo de Lille, al norte del país, para ver el duelo que enfrentó en octavos de final de la competición a la anfitriona e Islandia. La cifra constituye un nuevo récord mundial de asistencia para un encuentro de balonmano.
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