mercredi 18 janvier 2017

“No va a dar el ramo de flores un tío con barba, ¿no?”

“Y jóvenes hermosas te cubrirán de flores”, prometía el escritor Dino Buzzati a los ciclistas del Giro de 1949 traduciendo al lenguaje cotidiano las púberes canéforas que según Rubén Darío deberían ofrendar las hojas de acanto al amigo poeta Paul Verlaine en su tumba. El ramo de flores, el podio y la guapa y su beso han sido desde que el ciclismo es ciclismo los símbolos que acompañan a la victoria, que hacen reír feliz al campeón después de su esfuerzo, que le hacen perseguir en los momentos de duda y dolor. La materia de la que están hechos los sueños. No ya en Australia, donde estos días en el Tour Down Under, la carrera que ha inaugurado la temporada ciclista, al ganador de las etapas no le entregan el ramo de la victoria jóvenes hermosas en el podio que dejan en sus mejillas la huella del carmín de sus besos. Una tradición que se apaga. “Una representación casposa”, en palabras de Dori Ruano, exciclista salmantina, campeona del mundo en 1998. La ha prohibido el Gobierno australiano por sexista, por confinar a la mujer al papel de adorno. En las fotos, los ganadores están solos y saludan con el ramo en la mano. No parecen sentirlo mucho.

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