Sudaba y sudaba Gael Monfils, a chorros. Lógico, porque delante tenía a un Rafael Nadal pletórico en lo técnico y lo físico, así que exprimió al parisino como a una naranja. No afloja este Nadal, látigo y muro, porque rompe la pelota y frustra al de enfrente devolviéndole todas las bolas. Da igual cómo vengan porque el español, este Nadal rehabilitado, las caza prácticamente todas. Que se lo pregunten si no al jovenzuelo Zverev, consumido en la ronda previa, y ahora a Monfils, un atleta que terminó agotado y entregado, vencido por 6-3, 6-3 y 4-6 y 6-4 , en 2h 55m.
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