Hay goles y partidos que se estudian a ras de suelo y otros que caen del cielo como témpanos para quien los encaja o los padece. Partidos en los que empatas a casi todo menos a goles. Eso debía sentir el Villarreal y lo mismo debía pensar la Real, igualados ambos en presión, en derecho de tanteo, en control, en especulación. Pero nunca se sabe cuándo se va a levantar la ventisca y el que agitó el viento del norte fue Oyarzabal.
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