Si algún telespectador o aficionado destinó su tiempo a ver algo de balonmano en los tres primeros días del Mundial de Francia, y no conocía excesivamente a fondo este deporte, en el primer caso, o bien llevaba un tiempo desconectado de él, en el segundo, seguramente se echó las manos a la cabeza. Si alguno de ellos tuvo a bien ponerse frente al televisor pudo ver a varios porteros marcar de meta a meta con suma facilidad, fruto del caos en las transiciones, y escenas de juego en la que un equipo jugaba con siete jugadores, sin guardameta, y el otro lo hacía solo con seis integrantes.
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