La lectura del Málaga será la de que tres errores defensivos echaron por tierra todo su trabajo y le derrotaron, la del Celta centrará el foco en el valor de su trabajo en la presión para fabricar los dos primeros goles que decantaron el partido y, sobre todo, en Iago Aspas y su influencia en un equipo que cabalga a sus hombros. Todas las versiones son correctas para explicar lo sucedido en Balaídos. Ganó el Celta, que ni está ni va a estar apurado, pero que se fue al parón navideño más abajo en la clasificación de lo que merece su despliegue. Ahora duerme noveno en la tabla y a cinco puntos de puestos europeos tras dejar atrás a un Málaga bien intencionado, pero fallón en los momentos decisivos del partido. Concedió en defensa y no supo aprovechar sus opciones, que las tuvo, en ataque. Cuatro veces disparó entre palos el Celta y le bastaron para cantar tres goles.
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