El fiasco fue monumental, tan grande que desde entonces la palabra ha quedado completamente desterrada del vestuario. “Eso hay que olvidarlo. Fue un palo, pero esto es deporte. Lo del Preolímpico es pasado”, decía ayer el risueño Eduardo Gurbindo en la recepción del Consejo Superior de Deportes (CSD), en Madrid, poco antes de que él y el resto de los internacionales cogiesen un avión y pusiesen rumbo a Francia. Allí, la selección española de balonmano afronta el Mundial con aires renovados y el objetivo de prolongar los éxitos de un deporte que, borrón de Río aparte, ha garantizado alegrías.
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