Podía invitar el partido ante Angola a la dispersión, por eso de que la selección africana era la más débil del grupo, pero lejos de tomarse una jornada de relax, España fue inteligente y le sacó el máximo jugo posible. En primer lugar, porque venció (42-22), lo que le concedió automáticamente el pasaporte para los octavos, aunque ahora deberá resolver la primera plaza en los envites contra Macedonia, mañana, y Eslovenia, el viernes. Después, porque le permitió prolongar la dinámica positiva del equipo, con tres victorias ya en el casillero y la autoestima reforzada. Y, por último, porque el ejercicio de ayer se convirtió en un buen escaparate para que el teórico equipo B de España se exhibiera y demostrase que tiene buen producto en la recámara.
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