Vive el Madrid en una cena eterna en la que cualquier alimento le sabe a marisco. Con un Zidane que convierte en vino hasta al Madrid más aparentemente aguado, su equipo engulló al Sevilla sin necesidad de masticarlo. Lo degustó especialmente James, que descorchó su pierna izquierda sobre el mantel verde del Bernabéu. Tras semanas de incertidumbre en las que su marcha parecía cercana, no hay por el momento noticias de que vaya a ocurrir, mucho menos si su actuación ante el Sevilla se convierte en la norma. Pues el Madrid arranca el año con un partido de esos que convierten los deseos de enero en renglones a seguir y que dejan al colombiano como regalo anticipado.
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