Un Madrid coral e impecable abrumó de lo lindo a un Granada sin poso, sin nervio, sin nada de nada, sin tiempo ni para quitarse el chándal. Los blancos no hicieron concesiones y mantuvieron el subidón en esa exitosa ola que le ha llevado a igualar el récord español del Barça de Luis Enrique, que el curso pasado encadenó 39 partidos sin perder. Este Real va como un tiro y lo confirmó ante los apesadumbrados chicos de Lucas Alcaraz. Fue un Madrid comprometido, sinfónico, ordenado, ambicioso y con un vigor extraordinario. No hubo madridista que desdeñara el “ayuno” exigido por el mercado chino y a las 20.00 de Pekín, siete horas más que en el Bernabéu, nadie se tomó la cita como un engorro. Isco fue el síntoma de la camaradería del grupo de Zidane. El malagueño fue la percha de todos, con y sin balón, porque hace tiempo que ha entendido que en este equipo solo los tres atacantes con frac tienen concesiones. Lo sabe Isco como lo han tenido que metabolizar competidores por su puesto como Asensio y James. En este Madrid hay focos para todos: lo mismo marca Nacho el golazo del año (ante la Cultural Leonesa) que se destapan como goleadores ante el Granada gente como el propio Isco, autor de dos tantos, y Casemiro.
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