Entre el trámite y la pachanga sustanciaron Celta y Valencia una eliminatoria que había quedado liquidada en Mestalla con un contundente 1-4. Allí quedó claro que el equipo gallego iba a estar en cuartos de final, gasolina para la ilusión de una entidad que jamás levantó un trofeo. La Copa, torneo en el que cayó en tres finales a lo largo de su historia, es un objetivo declarado para el Celta. El del Valencia, enfrascado en la batalla por no perder la categoría, no estaba en el partido de Balaídos. Aún así lo peleó. Y lo perdió en el último segundo.
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