A Cesare Prandelli le han bastado dos meses para cambiar el semblante amable y el discurso apacible con el que llegó al Valencia, para pasar a la amargura de la realidad con la que se ha encontrado en el club de Mestalla, con una dirección en la lejana Singapur, sin noticias de Peter Lim impasible ante la deriva del equipo, sin pronunciarse sobre si reforzará una plantilla sobrevalorada, con carencias en todas las líneas, sin un delantero específico, con overbooking en la portería con tres porteros bajo los palos, sin referentes ni líderes, paradigma de una errática planificación deportiva que encabeza Suso García Pitarch con escaso poder de decisión, haciendo caso a las directrices que le manda desde 12.000 kilómetros de distancia Lim y que Layhoon, la presidenta, la que da la cara ante los aficionados valencianistas, asume sin alzar la voz a su amo.
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