dimanche 4 décembre 2016

Modric y el dueño del último minuto

Zidane miró a un lado y a otro, casi avergonzado. “Tengo una palabra pero es mala…”. Decenas de cámaras le enfocaban en la rueda de prensa anterior al clásico. Un centenar de periodistas aguardaban. Dudó, sonrió con cierto miedo. Miró a su izquierda, como pidiendo permiso al responsable de comunicación que permanecía a su lado. “Nosotros hace un año íbamos allí…”. Volvió a detenerse. “Perdón, perdona, no quiero…”. Y por fin se atrevió: “Íbamos allí con el culo apretado”. La carcajada fue general. Y respiró Zidane. Había pronunciado aquella palabra y al escudo del Madrid no se le había caído la corona. Porque ocurre que sí, que el Madrid tiene culo. Y que a veces lo aprieta. Ocurrió la pasada temporada en el Camp Nou, donde el equipo se echó atrás y dejó hacer a su rival, el Barça. Hasta que dejó de echarse atrás y dibujó un cuarto de hora, apenas un cuarto de hora, portentoso, en el que consiguió tres goles (uno anulado a Bale por marcarlo de cabeza) que le sirvieron para ganar y para inaugurar un periplo extraordinario, que tanto dura en el tiempo que dura hasta hoy.

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