El peso de un corredor es el mayor misterio del ciclismo, la mayor obsesión. Perdiendo ocho kilos entre 2007 y 2012, bajando de 75 a 67 kilos, Chris Froome pasó de ser un ciclista del montón a ganar el Tour. Con menos cilindrada total (medida en consumo de oxígeno) y menos potencia absoluta en vatios, el británico consigue el mismo rendimiento relativo que Miguel Indurain, quien medía prácticamente lo mismo pero pesaba, en el momento de batir el récord de la hora en 1994, 14 kilos más. “Y perdiendo dos kilos en unas horas un día de montaña del Tour, Froome es capaz de ascender el Alpe d’Huez en 47s menos, lo que no es poco teniendo en cuenta que en 2015, por ejemplo, ganó el Tour solo por 72s. Y dos kilos los puede perder mediante una deshidratación controlada, funcional, bebiendo menos de lo que cierta lógica exigiría”.
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