Cuando Andoni Zubizarreta, el anterior director deportivo del Barça, habló con Javier Mascherano, pronto se convenció de que tenía sitio en el club. “Quiero que en mí currículo salga que he jugado en el Barça”, le soltó el argentino, por entonces infatigable mediocentro del Liverpool. Por 22 millones, era el recambio de Touré, que hizo las maletas para probar fortuna en el Manchester City porque de azulgrana sabía que siempre estaría por detrás de Busquets. “Es el mejor”, le concedió Mascherano de buenas a primeras. Pero ni siquiera eso le restó la ambición de intentarlo. Y ya suma 300 partidos de azulgrana. Aunque la gran mayoría sean de central, otro desafío que aceptó y venció.
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