Sí, el fútbol ha cambiado. Lo de para bien o para mal es cuestión de gustos. Pero ha cambiado tanto que, por ejemplo, puede darse el caso de que en un campo mítico como San Mamés, con un equipo volcánico como el Athletic y otro cerebral, como el Villarreal, se agoten 45 minutos sin lanzar un tiro a portería y apenas un par de remates fuera, de esos que los porteros miran por encima del hombro. En otros tiempos, no tan lejanos, se hubiera puesto a llover, para que pasara algo, y porque es lo que toca en Bilbao cuando el otoño duele. Ahora, ni eso. Hay que esperar a que el miedo o la urgencia surtan efecto.
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