Con el regreso a las señas de identidad más marcadas en la era Simeone, el Atlético cerró su clasificación para los octavos de final como primero de grupo. Cinco victorias en cinco partidos le han llevado a relegar a la segunda plaza al todopoderoso Bayern de Múnich, abatido en el frío de Rostov. La cabeza del grupo puede depararle en el cruce rivales más complejos al vigente subcampeón de la competición, pero es muy meritoria esa primera plaza. Cuando se configuraron los grupos, casi nadie apostaba porque terminaría liderando el suyo. Incluso se podía aventurar una lucha más cerrada con el PSV por una hipotética segunda plaza. Cinco victorias en otros tantos encuentros hablan de una autoridad incuestionable para dominar esta primera fase de la competición. La victoria fue una inyección anímica para un equipo que había perdido fiabilidad. La recuperó reconfigurándose en su patrón más eficaz y reconocible.
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