La derrota del último derbi pesó como una estela funeraria sobre los jugadores, los técnicos y la afición del Calderón. La gente acudió al Manzanares en busca de señales de vida. Cuatro días después del 0-3 frente al Madrid, hubo que reanimar los corazones. El frío y la humedad calaban cualquier abrigo pero el estadio por poco se llena para asistir a la recuperación moral de los muchachos. En el minuto 55, el gol de Kevin Gameiro, asistido por Griezmann en un contragolpe fulgurante, descomprimió la atmósfera.
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