lundi 21 novembre 2016

París, el principio y el fin

El pasado 5 de junio, sobre la arena de la fastuosa pista central de Roland Garros, el serbio Novak Djokovic posaba orgulloso con la Copa de los Mosqueteros, el único trofeo de un gran torneo que faltaba en sus vitrinas. A unos metros, Andy Murray, derrotado aquel día, asistía con gesto aséptico. Le escocía la derrota al británico, quien por primera vez en su carrera había acudido a París con la creencia firme de que podía adjudicarse ese título. Ese día Nole venció y el de Dunblane se fue enfurecido, pero la historia reservaba un cambio de orden que se materializaría en los seis meses posteriores. París, uno de los templos sagrados del tenis, marcó el punto definitivo de inflexión. Desde aquella tarde luminosa, Djokovic se derrumbó y Murray emprendió el asalto al número uno que ahora defiende con modestia.

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