Luis Suárez estaba en la grada del Camp Nou con su niño en el regazo y con Mathieu a su lado. Messi ni siquiera apareció por el estadio porque le pudo una gripe intestinal y debió guardar reposo en casa. E Iniesta, el enlace, el quarterback azulgrana que pone el desequilibrio y engarza con la última línea, también se quedó en la rebotica por su maltrecha rodilla, aunque se le espera en el clásico. Ausencias que señalaron a Neymar, el único atacante con gol toda vez que Alcácer sigue negado por decreto ante la portería rival. Por lo que el brasileño, que una vez más no negoció con el esfuerzo, se quedó solo. Al menos hasta el último cuarto de hora, cuando irrumpió Piqué en esa decisión cruyffista de utilizar al central como delantero centro. Pero nada le valió al Barça, que se quedó sin marcar por primera vez en la temporada.
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