Lo que a priori era el no va más, la primera vez en la historia que los dos mejores tenistas se jugaban el trono en el último partido del año, el summum, el partido de los partidos, quedó en realidad reducido a algo mucho más simple. Hoy día, sencillamente, no hay mejor jugador que Andy Murray. El escocés batió con holgura a Novak Djokovic (6-3 y 6-4, en 1h 42m) y certificó su condición de número uno del circuito. Una condecoración acompañada por su primer título de la Copa de Maestros, después de siete intentonas fallidas. En el choque del todo o nada, el británico (29 años) se exhibió y puso el sello a una temporada de ensueño.
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