La Real ha cubierto el primer tercio de la Liga con una sonrisa en la boca. La sonrisa de la estabilidad en un club que no encontraba el camino recto. Siete presidentes entre 2001 y 2008, 18 entrenadores entre 2000 y 2016 y un sinfín de futbolistas que desdibujaban el proyecto. No es extraño que el máximo de permanencia de un entrenador en el banquillo de la Real fuera de dos temporadas y no fueran pocas las veces que usó tres en la misma campaña. El descenso de 2007 le llevó a un abismo deportivo y económico. Jokin Aperribay ha enderezado el proyecto societario y todo apunta que Eusebio Sacristán es el hombre tranquilo que necesitaba el equipo para una transición sin traumas. El Real es ahora quinto clasificado y, lo que es más importante, aporta un nutrido grupo de futbolistas criados en Zubieta que solo esperaban una palmada en la espalda para echar a andar. Oyarzabal es el abanderado de esa nueva generación en la que militan futbolistas como Concha, Bautista o Héctor conviviendo con veteranos de lujo como Xabi Prieto que a sus 33 años está viviendo su segunda juventud.
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