Sergio Ramos abandonó el viejo estadio Delle Alpi con rabia. No solo le pitaron otro penalti que juzgó riguroso por tocar a Eder —su cuarto penalti en 13 partidos esta temporada—, sino que le hicieron otro control antidopaje. “He visto el penalti mientras hacía el antidoping”, se lamentó. “Siempre me piden que lo pase, ¡no sé qué me habrán visto! Es un penalti riguroso. Quizás me tienen cogida la matrícula”.
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