Los lunes, históricamente, el fútbol no se ve, se comenta. El mercado dejó apenas una rendija para evaluar el fútbol y los estados de ánimo. Y por ahí se cuelan partidos tan románticos como el del Eibar frente a Osasuna: un estadio que con tribuna nueva cada vez huele más a campo inglés, una lluvia intensa que bien podía ser de Southampton o de Londres y dos equipos que sin renunciar al fútbol tienen en su ADN la visceralidad como gen predominante. Por mal que esté Osasuna (penúltimo en la tabla) y por bien que esté el Eibar, en la planta principal del campeonato, difícil que agachen la cabeza, que bajen los brazos, que pidan la paz, la rendición, la compasión por mucas que sean sus bajasen la batalla.
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