Pese a que un día antes ya ofreciera señales de que no estaba fino, de que su derecha está trabada y el tono general de juego no es nada óptimo, la caída de Rafael Nadal frente a Grigor Dimitrov pilló a muchos a paso cambiado. El búlgaro, un tenista inmerso en su propio reencuentro, logró un triunfo firme (6-2 y 6-4, después de 1h 33m) y despachó al de Manacor, que nunca antes se había inclinado ante al que algunos, osados ellos, bautizaron en su día como Baby Federer. Cedió el balear y dijo adiós a un torneo que abandonó con la moral mellada.
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