Enredado en las cancillerías del fútbol internacional con idea de gobernar su nomenclatura, Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol, tuvo tiempo el pasado 21 de julio de hacer una parada doméstica y becar a Julen Lopetegui como seleccionador absoluto. Una afortunada beca sí, porque Villar, reunido con Villar, se aferró más a su intuición que a la reducida hoja de servicios del técnico guipuzcoano. Un giro arriesgado, puesto que sus últimas y exitosas elecciones habían sido Luis Aragonés y Vicente del Bosque, dos pretorianos, gente con un extraordinario kilometraje en los vestuarios. En esto del fútbol, con tantos desmentidos, nadie tiene la pócima mágica, por lo que cabe pensar que en Lopetegui hay un potencial buen entrenador. En sus predecesores, nada era virtual porque su carrera les avalaba sobradamente.
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