Gerard Piqué y Sergio Ramos son, por talento y títulos acumulados, la mejor pareja de centrales del siglo XXI. Ambos fueron los grandes artífices de la obtención de los cuatro puntos que España logró en su visita a Italia y Albania, y que, a la larga, pueden significar la clasificación para el Mundial de 2018. Ninguna línea se destacó más que la defensa en 180 minutos de competición. Un único remate entre los tres palos —de penalti— fue todo lo que permitieron en los partidos del jueves y el domingo pasados. Sin embargo, tanto Ramos como Piqué acabaron el viaje abrumados. Ofendidos. Señalados por algunos medios de comunicación que, que amplifican las críticas de las redes sociales, unas veces los acusan de irresponsables, como a Ramos, y otras de antiespañoles, como a Piqué. El catalán se sintió tan dolido que al calor de la última polémica anunció que dejaría la selección.
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