Ha pasado más de un año y medio desde que Sebastian Vettel tomó parte en su primer gran premio como piloto de Ferrari, tiempo suficiente para hacerse una idea de lo que significa eso. Para lo bueno y también para lo malo. El alemán, que fue contratado por la Scuderia como recambio de Fernando Alonso con vistas a 2015, afrontó el reto como el mayor de su vida, dada la ilusión que siempre le había hecho poder abanderar el equipo más universal que existe, tanto en la Fórmula 1 como en el automovilismo en general. Sin embargo, tras un arranque casi de cuento de hadas, con una victoria en su segunda carrera y tres podios consecutivos, el rodillo de Mercedes pasó por encima del tetracampeón, que terminó el curso el tercero, a 103 puntos de Lewis Hamilton, el campeón.
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