Su preparador físico, Jon Karla Lizeaga, habla del “milagro Olazabal”, sus amigos hablan del “inmortal Olazabal”. Todo parece muy exagerado, pero cuando se habla de José María Olazabal ningún término que se le aponga quedará en mal lugar. Su capacidad milagrosa ya formaba parte de su biografía desde que en 1999 ganó su segunda chaqueta verde de Augusta después de haber estado más de un año retirado por una enfermedad reumática que a punto estuvo de condenarle a la silla de ruedas. Y 15 años más tarde Olazabal fue el taumaturgo del conocido como el milagro de Medinah, la remontada victoriosa del equipo europeo de la Ryder que él capitaneaba bajo la advocación de Seve Ballesteros.
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