Hace tiempo que los clásicos entre el Athletic y la Real perdieron el fútbol, enredados en pasiones adolescentes (que si yo te quiero más, que no, que yo, que cuelga tú, que no, que a mí me da igual). Enredos de cine de barrio en los que se sobreactúa aunque el guión sea más plano que la tierra antes de que Galileo dijera lo contrario. Últimamente han perdido hasta la pasión en ese debate alternativo sobre qué es más importante, si ganar a este o si ganar a aquel, sobre las trascendencia del ser o la insoportable levedad del ser, sobre quién sufre o quién disfruta más cuando pierde o cuando gana. Al final los adolescentes, o sea los futbolistas, dependen más de las circunstancias para excitarse que el público en general.
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