Diez años después de su llegada al Celta, Carlos Mouriño desliza que su final al frente del club está próximo. Era casi una evidencia que el presidente del club gallego, de 73 años de edad, trabajaba desde hace meses en una salida y que su deseo era zanjar cuanto antes retos que también tienen mucho de legado como son la remodelación de Balaídos, poner en funcionamiento la nueva sede adquirida por el club en un emblemático edificio del centro de Vigo e iniciar la construcción de una ciudad deportiva. Los dos primeros se demoran, pero se intuye un final por más que el estadio vaya estar en obras todavía al menos un año más; el tercero ha quedado aplazado. Y Mouriño, que es dueño de más del 50% de las acciones de la entidad, ya no niega que busca una salida tras pilotar la reconstrucción de una entidad que hace ocho años estaba en suspensión de pagos y debía 69 millones de euros y hoy camina sin deuda cero y el equipo en competición europea.
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