Cuando en marzo de 2015 la dirigencia del Atlético de Madrid y Diego Pablo Simeone decidieron ampliar su vinculación de 2017 a 2020 una y otra parte eran conscientes de que el cumplimiento de ese nuevo contrato, inusual en el fútbol español porque suponía casi una década de continuidad en el banquillo de un mismo técnico, sería complicado. Esa ampliación respondía más al intento del club de que el entrenador liderara el traumático traslado del Vicente Calderón a La Peineta, al menos en el primer año de estancia en el nuevo estadio, que a la creencia de que esa renovación fuese factible de cumplir en su totalidad.
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