jeudi 22 septembre 2016

La gestión del riesgo y el destino

No hace tanto, los guías de montaña se presentaban como garantes de la seguridad de sus clientes. Sólo se trataba de un desafortunado truco publicitario, puesto que resulta evidente que el riesgo cero no existe cuando circulamos por la montaña, ya sea practicando el senderismo, las diferentes variantes de la escalada, el esquí de montaña o el montañismo clásico. En el presente, los aspirantes a convertirse en guías reciben durante su época formativa una charla titulada La gestión del riesgo,teoría que pretende hacerles entender que su trabajo consiste en minimizar los riesgos inherentes a la práctica de las actividades de montaña. De hecho, una de las mayores responsabilidades que soporta un guía tiene que ver con su capacidad para tomar en todo momento las decisiones adecuadas, aquellas que protejan ante todo la seguridad del grupo. Así, se les explica que existen dos tipos de peligros en montaña: los llamados “subjetivos” y los catalogados como “objetivos”. Un montañero que presenta lagunas técnicas, que está lejos de su mejor forma, que persigue objetivos poco razonables, que desatiende las señales de peligro, que se mueve por criterios ególatras, que desconoce el medio en el que se mueve y no se equipa de forma adecuada es un peligro en sí mismo y una fuente inagotable de peligros potenciales. La mayoría de los accidentes en montaña se deben a errores humanos y podían haberse evitado. Pero no siempre es así.

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