Se respira tanta tensión en las horas previas al enésimo duelo entre Pep Guardiola y José Mourinho que uno tiene la sensación de que algo terrible está a punto de suceder, como en esas películas donde un gato negro cruza la pantalla bajo una farola y al abrigo de un portal intuimos la sombra de un hombre con gabardina. Son señales inequívocas de que está a punto de cometerse un asesinato así que nos agarramos con fuerza al sofá, aguzamos los sentidos y nos preparamos para conocer la identidad del desgraciado en cuestión, que en el caso concreto de las películas americanas de los años noventa suelen ser el amigo negro del protagonista o la rubia de cuerpo explosivo y vicios reprobables.
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