Cada vez que alguien dice de un futbolista que “es el mejor” parece que el mundo tiemble, pero al final nunca pasa nada. Ocurre a menudo con las frases ociosas, que lo dejan todo igual que estaba. Las pronuncias para atrincherarte en una idea. Afirmar que alguien es el mejor no sirve tanto para aclarar que lo sea, como para fijar con quién están tus simpatías. Necesitamos un referente, identificarnos con un ídolo, sentir que formamos parte de un bando, que estamos con “los nuestros”, y que esa pertenencia casi nos hace tan buenos como al futbolista que admiramos. “Es el mejor” resulta una frase hueca, ficticia, y sin embargo impresiona.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2cwdins
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire