El Sevilla fichó a Daniel Alves en diciembre de 2002 y en enero de 2003 comenzó a jugar sus primeros partidos. Alves era un portento físico, pero no sabía ni colocarse en el campo. Su crecimiento en el Sevilla fue brutal, hasta el punto de convertirse en uno de los jugadores más importantes en la historia del club andaluz, que abandonó en 2008 para fichar por el Barcelona a cambio de 35 millones de euros. Todavía es el traspaso más importante en la historia del Sevilla, una entidad que sabe lo que es vender, y bien, a un buen número de jugadores.
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