El tenis español está inmerso en un periodo de reencuentro. Se busca a sí mismo porque desde hace algún tiempo se ha desfigurado y no termina de reconocerse en medio de las cuitas federativas de los dos últimos años. A la zozobra se le unió el descenso a la segunda categoría del equipo de la Copa Davis en 2014 y hoy día impera la incertidumbre, puesto que se espera a una camada de jugadores que pueda garantizar el relevo de la generación actual, pero a excepción de Garbiñe Muguruza (22 años), hay pocos signos esperanzadores. El peso siguen llevándolo los de siempre, la hornada dorada que componen los Rafael Nadal (30), David Ferrer (34), Feliciano López (35) o Carla Suárez (28). Avanza el tiempo y se consume lentamente la llama, cada vez más tenue. Pero ellos siempre responden.
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