Luis Enrique dice y hace la suya desde siempre y contra el Leganés demostró ser de nuevo un técnico intervencionista, un entrenador que se resiste a la teoría que defiende que si algo funciona no se toca. Ya advirtió en la previa que se esperaba un rival osado, un contrincante que ejecutara el acoso alto. Y desde esa premisa fundamentó todas sus decisiones, que al inicio sorprendieron pero que tras el pitido inicial cogieron color y forma. Inquietó que descansara Busquets —jugador al que señaló horas antes que rotaría menos por la composición de la plantilla— y que su sustituto no fuera Sergi Roberto ni Mascherano, pero se entendió al entregar la alineación, sin un mediocentro sobre el césped.
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