La consigna era clara. “Hoy hay que ganar, Argentina, hoy hay que ganar”. La coreaba un puñado de hinchas de ese país que convertían de cuando en cuando al Emirate Arena de Glasgow (Escocia) en un estadio albiceleste. Juan Martín Del Potro la tomó al pie de la letra y venció a Andy Murray, el número dos del mundo y el tenista del momento, en su casa, en Escocia, en el Reino Unido, a miles de kilómetros de Tandil (Argentina). Habían jugado hace pocos días en la final de los Juegos Olímpicos de Río, en el regreso sorpresivo del argentino al circuito. Había ganado el escocés en cuatro sets y se había quedado son la medalla de oro. Pero Del Potro, en un clima similar al que vivió en Brasil, con un estadio repleto, donde cada punto fue una batalla aparte, se tomó revancha en estas semifinales de la Copa Davis y puso el 1-0 para Argentina.
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