La idea era intentar tirar y ganar distancia con el resto. Escaparse. Pero pensarlo y hacerlo son cosas distintas. No hay victoria más perfecta para un piloto que aquella en la que la huida funciona. En un deporte en el que, a veces, se gana por milésimas, cruzar la meta después de salir de la última curva y haberse permitido el lujo de relajar la maneta del gas y mirar atrás para comprobar que no te sigue nadie, es una delicia. “No sabía que lo podría hacer, pero tenía la referencia del primer entrenamiento del sábado, en seco, cuando puse el neumático duro y fui muy rápido. Me he concentrado en sacar lo mejor a la moto”, reflexionaba el protagonista de la jornada, Maverick Viñales. Pero, también confesaba: “La carrera se me estaba haciendo muy larga. Necesitaba mucha concentración. Hacía mucho que no me veía en estas circunstancias”.
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