Advirtió Luis Enrique que Messi estaba bien, que no iba a descansar como hiciera el sábado ante el Alavés, cuando el batacazo del Barça fue sonoro e inopinado. Lo disfrutó el Camp Nou y lo sufrió el Celtic, que no encontró antídoto alguno a su fútbol vertical y vertiginoso, a sus quiebros mágicos y a sus pases de escuadra y cartabón, tampoco a sus remates precisos. No pareció quedar rastro de las casi siempre reincidentes molestias de pubis, sino que asemejó ser un futbolista más ligero, con sus pasitos cortos y endiablados. Sprints, cambios de ritmo y, sobre todo, faro del equipo que hizo más bueno que nunca el principio de D'Artagnan y los mosqueteros: uno para todos y todos para uno, para el 10. “Tiene la libertad para jugar en cualquier posición. Coartar eso sería feo y muy poco inteligente”, señaló Luis Enrique. “Es espectacular lo que hace en los entrenamientos y también lo que ha hecho ante el Celtic”, se sumó Umtiti en francés, porque dice no arrancarse aún con el castellano. “Bueno, nosotros estamos habituados a ello… desde que estoy aquí y desde hace 10 años siempre es el mismo, el mejor”, corrigió Jordi Alba.
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