En aquellos años se decía que cuando una moto no arrancaba quizás tenía pelo en la bujía. Al parecer era verdad, porque la quitabas, la soplabas, la volvías a colocar y la moto emitía ese ruido salvador: ¡brrrrrum, brrrrrum!. El Valencia era el pelo de la bujía del Athletic: lo sopló y la moto echó a andar. Fue un arranque suave, nada estruendoso, pero la moto rojiblanca, desengrasada y llena de pelos en la bujía, se comportó como un ciclomotor aceptable, eficiente, con algunas emisiones tóxicas, es cierto, y los frenos de disco un tanto rayados, o sea la defensa. Claro que si encima de la moto circula Aduriz da igual que la bujía tenga pelo o melena de campana. Los soplidos de Aduriz son ventoleras, huracanes, goles que caen como las hojas en otoño, a veces mansas, a veces arremolinadas. Y cayeron dos hojas como podía haberse quedado calvo un árbol entero.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2d445Dr
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire