dimanche 18 septembre 2016

Aduriz castiga al Valencia

En aquellos años se decía que cuando una moto no arrancaba quizás tenía pelo en la bujía. Al parecer era verdad, porque la quitabas, la soplabas, la volvías a colocar y la moto emitía ese ruido salvador: ¡brrrrrum, brrrrrum!. El Valencia era el pelo de la bujía del Athletic: lo sopló y la moto echó a andar. Fue un arranque suave, nada estruendoso, pero la moto rojiblanca, desengrasada y llena de pelos en la bujía, se comportó como un ciclomotor aceptable, eficiente, con algunas emisiones tóxicas, es cierto, y los frenos de disco un tanto rayados, o sea la defensa. Claro que si encima de la moto circula Aduriz da igual que la bujía tenga pelo o melena de campana. Los soplidos de Aduriz son ventoleras, huracanes, goles que caen como las hojas en otoño, a veces mansas, a veces arremolinadas. Y cayeron dos hojas como podía haberse quedado calvo un árbol entero.

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