“La primera vez siempre cuesta mucho”, suspiró Guardiola al final de su primera vez en la Premier, de su debut en el City. Bien lo sabe. Sufrió en Premià una mañana de domingo, cuando se sentó por vez primera en el banquillo, para empatar a cero con el filial del Barça; sufrió en Soria, el día que se estrenó como como entrenador del Barcelona y perdió (1-0) contra el Numancia; y, aunque goleó al Hamburgo (3-1) en su estreno en la Bundesliga, no le gustó nada lo que vio a su equipo hacer aquella noche. Ayer, en la Premier, su Manchester City se trabajó la victoria con más espíritu que juego, más alma que fútbol. Ganó y Pep se fue contento, del resultado (2-1) y de lo que vio: “Muchísimo”, zanjó. “Ustedes le dan mucho valor a los extranjeros y poco a los entrenadores nacionales”, reivindicó Moyes, el entrenador del Sunderlad, cuarto de la historia de la Premier con más partidos acumulados, que añadió: “En cualquier caso, es un entrenador sensacional y lo ha demostrado. Necesitará su tiempo, pero es un entrenador sensacional”.
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