Mireia Belmonte se levanta a la hora en que los rebaños de cabras montesas se amontonan en la carretera que sube del pinar al Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Sierra Nevada. Los animales abandonan el valle por los roquedos cuando la nadadora sale de la cámara isobárica en la que duerme para emprender otra jornada a falta de un mes para los Juegos Olímpicos de Río. El sol todavía no se asoma sobre la montaña y la residencia de deportistas registra una actividad frenética. Nadadores japoneses, luchadores húngaros, atletas polacos y ciclistas españoles recorren los pasillos mientras la chica de Badalona se monta en la bicicleta estática, tira un poco de remo, activa el cuerpo durante media hora y acude al comedor a tomar su ración de cereales, leche y fruta. Se ajusta las zapatillas rosadas y se sube a la furgoneta que transporta al grupo de chicos y chicas hasta la barrera que delimita la zona protegida del Parque Nacional.
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