Los Juegos de Rio sirvieron al fin para que los brasileños comprueben que su juego será por siempre el menos olímpico de los juegos. Dos goles de Neymar paliaron los efectos catastróficos del Mundial de 2014 en una final que el destino reservó a Brasil y a Alemania, protagonistas una vez más de la fiesta. Un partidazo en Maracaná, al calor de una multitud que poco a poco entró en estado febril. Nunca en estas tres semanas tantos brasileños se mostraron más entusiasmados ante un evento del programa. Ni la ceremonia inaugural, ni Bolt, ni Phelps, nie l pebetero de la Candelaria, por más que el COI se empeñe. Nada hizo vibrar a los habitantes de este país tanto como su viejo fútbol.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2brfz0h
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire