Hace muchos años que Brasil no juega al jogo bonito, un estilo de quiebro, virguería, pase y puntería que le definió durante muchos años y que resumió Nike en un anuncio memorable en 1998, en un aeropuerto donde Cafú, Ronaldo, Romario, Denilson y Roberto Carlos hacían travesuras con la pelota al tiempo que esquivaban a la policía. Poco menos de una década después, la selección pasó por el dungismo y desde entonces no se quitó el músculo de la cabeza. Brasil Sub-23, sin embargo, tiene muchos artistas del balón, pero más que al jogo bonito jugaron al freestyle, con regates en una baldosa y pocas mezclas. Hasta que la exigencia del triunfo, acentuada por la superioridad numérica en la última media hora y por la necesidad del oro nunca logrado, reclamó el pase y también el protagonismo de Neymar. Pero falló en la definición como lo hicieron sus compinches de línea y Sudáfrica celebró un empate inesperado.
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