El clima crea la marca y condiciona la pelea. El lunes, al mediodía del cuarto día, casi como en las escrituras, un fuerte viento helador envolvió el estadio. El calor asfixiante huyó entre sus ráfagas. En cuestión de segundos, el termómetro, que se pavoneaba superando los 35 grados, descendió a menos de 25. La lluvia llegó a continuación de las nubes. Bajo el tejado, operarios aseguraban las banderas para que no salieran volando. Se acabó el espectáculo de récords y grandes marcas. Lo reemplazó la noche de la lucha. El atleta contra los elementos. El atleta contra sí mismo y los demás en busca de la perfección. La agonía de la última recta.
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