Quizás las cosas no sucedieron tal y como yo las recuerdo, en realidad es más que probable que sucediesen de un modo muy diferente, justo al revés, pero siempre he tenido la sensación de que el deporte español cambió gracias a aquella medalla. Hablo de la plata conseguida por el equipo nacional de waterpolo en los Juegos de Barcelona 92, aquella plata peleada ante Italia hasta el último segundo de la tercera prórroga, aquella plata que nos abofeteó con una imagen que jamás habíamos visto en el deporte español: la tristeza infinita por ganar una medalla, la frustración por haber hecho historia.
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