lundi 15 août 2016

La afición hace campeón a Thiago Braz

En la tierra de Adhemar Ferreira da Silva, el héroe brasileño de los Juegos no podía salir de otro lugar que no fuera el estadio de atletismo. Da Silva, campeón de triple salto en Roma 60 después de convertir su cuerpo atlético en un icono con su actuación en Orfeo Negro, la película del carnaval, es la gran leyenda del atletismo brasileño. Thiago Braz da Silva, que derrotó a Renaud Lavillenie en la final de pértiga más peleada que se recuerda, un cuerpo a cuerpo entre dos atletas que parecían boxeadores, devolviéndose los golpes sin descanso hasta que uno de ellos, el francés, dijo basta, tiene todas las cualidades para sucederle. Para derrotar a Lavillenie, el campeón de Londres, el recordman del mundo que con 6,16m acabó con Serguéi Bubka, Braz da Silva, de solo 22 años, debió superar la barrera de los seis metros por primera vez en su vida. Llegó a Río con una mejor marca de 5,92m. Después de la noche en la que el viento se calmó, y la lluvia, y se conjuntaron los astros convocados por un público escaso pero enloquecido, salió del Engenhao con una marca de 6,03m, récord olímpico, y con una medalla de oro, la primera de su país en el Estadio Olímpico.

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