Los puntos, a veces, no reflejan la diferencia competitiva. Y así sucedió en el cuarto episodio consecutivo del Estados Unidos-España en los Juegos. Muy poco los separó finalmente en el marcador (76-82), menos que en las preciosas y disputadísimas finales de Pekín 2008 (107-118) y Londres 2012 (107-100). Pero una cosa son los números y otra, muy diferente, las sensaciones. Pese a la brava batalla que planteó el equipo español, Estados Unidos dominó con mano de hierro la semifinal de Río.
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